Potenciación del grado de autonomía

Grado cero: Dependencia.

Es la etapa de la simbiosis. Se da al principio de la relación con el coach pero si se prolonga se volverá negativa para el cliente que se convertiría en una persona sin criterio. El coachee está en una posición sumida, en la que considera que el otro es mejor (el coach) y por eso quiere que se haga cargo de él.

Grado uno: Contradependencia.

La persona quiere encontrar su identidad y lucha contra el otro y contra el mundo real. Quiere revelarse contra el otro negando o afirmando todas las propuestas que recibe. Necesita tomar distancia del otro, pero el problema reside en que lo toma como una rebeldía, sin llegar a ser consciente de que la responsabilidad de su vida es suya. Se queja, acusa, culpa al otro. Percibe todo lo que le rodea y a sí mismo como negativo. Evita exponerse a esa situación por ejemplo, distanciando las sesiones de coaching. Se denomina periodo erizo.

Grado dos: Independencia.

El yo de la persona se empieza a construir y la persona se empieza a hacerse cargo de sí misma, sintiéndose más competente. Establece una distancia sobre el otro y ya no se siente condicionada. Sin embargo es el momento en el que se vuelve más narcisista y cree saberlo todo, llevando a cabo sus propias opiniones sin tener en cuenta la de los demás. Se adopta una posición de vida de yo estoy bien y los demás no. Es la denominada por Vincet Lehardt “época travieso” Es una etapa de separación del coachee de su coach con el inconveniente de que aquel puede dejarse llevar por el primer “gurú” con el que se cruce o simplemente elegir la opción más fácil que tenga.

Grado tres: Interdependencia.

La persona comienza a hacerse cargo de sí misma. Ya no se siente identificado con una relación simbiótica. Puede actuar desde sus tres estados del yo sin perder su identidad.

Este periodo es positivo siempre que el coachee esté dispuesto a avanzar más y aceptar el hecho de que temporalmente tiene que volverse dependiente cuando la ocasión lo requiera. En caso contrario correrá el riesgo de querer funcionar de forma independiente siempre o solo con personas que estén en su misma fase de desarrollo.

Es importante que pueda pasar al cuarto grado de autonomía donde será capaz de hacerse cargo de otros y poder posicionarse en situación de simbiosis funcional y por tanto funcional.

El coachee es independiente e incluso ha desarrollado el estado padre y el estado adulto, haciéndose cargo de su persona. Cuando acude a coaching lo hace sin demanda simbiótica y desde su estado adulto, incluso cuando las emociones del niño afloran, pudiéndoselo permitir expresarlas de forma pasajera.

Grado cuatro.

La persona pasa de un estado de autonomía a otro libremente. Se posiciona como dependiente funcional, y por lo tanto temporal, cuando tiene que consultar algo o adquirir un nuevo aprendizaje. Lo podrá hacer desde cualquier de los estados del yo, niño, padre o adulto.

En definitiva en el proceso de coaching, el coachee oscilara entre una etapa u otra en función de las circunstancias.